Comandante Simon.

DOMINGO 26 DE OCTUBRE DE 2003

Con su alias quiso evocar a Simón Bolívar. Lo hicieron héroe. Era el superpolicía, la cara amable de la justicia y una estrella en los medios. Tenía ingresos varios: un salario en el gobierno de Sinaloa, “gratificaciones” de los rescatados y ganancias por la venta de equipos a la Unidad Especializada Antisecuestros que él mismo dirigía. Quería más. Amenazó con tomar con las armas la procuraduría estatal. Se fue sin mucho ruido. La historia sinaloense de Iván Ortega comenzó con una pésima noticia, siguió con la gloria de grandes titulares en la prensa local, nacional e internacional –es más cool que Marcos, dijo The Boston Globe– y terminó en medio de un extraño silencio.

En el principio, varios hombres armados entran a un deportivo en Los Mochis y se llevan a Ildefonso Salido, socio mayoritario del periódico El Debate y empresario agrícola. Esa mañana de agosto de 2000, el gobernador Juan S. Millán se lleva las manos a la cabeza mientras la sacude como queriendo decir “nomás eso nos faltaba”.

La ola de secuestros trae apanicados a los más importantes empresarios del estado. Pero el plagio de Salido es la gota que derrama el vaso.

Salido pesa. Hace unos años, Juan Millán hablaba de la derrota de Natividad González Parás, en su primer intento de ganar la gubernatura de Nuevo León: “Se peleó con El Norte, es como si yo me peleara con El Debate y quisiera ser gobernador de Sinaloa, pues no”. Y ahora, con él gobernador, secuestraban a Salido. La pesadilla.

Por esos tiempos, el futuro comandante Simón vive en Chihuahua, donde vende cursos y equipos “de inteligencia” al grupo antisecuestros creado durante la gubernatura de Francisco Barrio y mantenido por Patricio Martínez.

El grupo lo encabeza Francisco Minjarez –asesinado hace unas semanas, en un presunto ajuste de cuentas de los secuestradores–, quien se apersona en Sinaloa para asesorar al gobierno millanista como antes lo había hecho en otras entidades.

Con él llegó a Sinaloa Iván Ortega. En noviembre ya trabaja para el gobierno sinaloense y en febrero de 2001 es nombrado coordinador de la Unidad Especializada Antisecuestros (UEA). En la premura nadie repara en el evidente conflicto de interés: el gobierno local compra buena parte del equipo de la UEA a la empresa Safeguard Products, propiedad de Iván Ortega y de uno de sus hermanos.

Lo valía. Al menos aquí, sus credenciales impresionaron: estudios en Miami, miembro de la Guardia Nacional de Venezuela –país donde nació–, mando de la Policía Metropolitana de Caracas. Nadie corrobora los datos (“porque venía recomendado por un gobernador”, dice un alto funcionario estatal).

No importa. Iván Ortega tiene tres cosas que al gobierno sinaloense le gustan: su calidad de extranjero (“somos algo malinchistas”, acepta otro funcionario), su presencia física y su habilidosa lengua.

¿Y dónde quedó Simón? Aquí se dice que anda en Cancún. David Sosa, corresponsal de La Jornada en esa ciudad turística preguntó incluso al gobernador Joaquín Hendricks. Es seguro que lo conocen, porque una de las muchas peticiones para que Ortega diera un curso fue de la Procuraduría quintanarroense. Pero ahora nadie parece saber su paradero. Se sabe, eso sí, que antes de dejar la UEA, el comandante Simón ya había creado otra empresa de prevención y manejo de secuestros. Por ahí andará. Así sea en silencio, el miedo es buen negocio.

(((( DEMASIADO LARGO EL TEXTO ))))

Con esto, trato de demostrar que si se puede hacer algo en Baja California, si se empieza a detectar-analizar a cada célula de secuestro y se identifican sus familiares créanme que a partir de ese momento seria cosa únicamente de intercambiar secuestros… los de la Sociedad Vs Familiares de malandros, que dicen? Necesitamos un Comandante Simon, no?

¿Pagar? “A mí me vale madre, lo que quería es que no me pasara nada”. Habla, en su negocio mazatleco, uno de los empresarios secuestrados durante la época de Simón. Su familia decidió pagar.

A diferencia de otros secuestrados, este empresario no quiso ir a ver a sus victimarios cuando fueron aprehendidos. “Quise borrar eso de mi vida”. Pero no olvida a Simón. “Sirvió de bastante apoyo a mi familia y hasta pasó a saludarme después”.

La explicable gratitud de las familias agraviadas es usada por el gobierno estatal. Cada vez que asoma una crítica, se publican en la prensa desplegados llenos de indignación, que firman distintas personas aunque evidentemente están redactados siempre por la misma mano.

En este tema, el gobierno estatal “tiene la piel muy sensible”, dice Oscar Loza, presidente de la CEDH.

Loza critica, en automático, a los elementos de la UEA por actuar encapuchados. “En caso de abusos, ¿a quién se denuncia?” Pero, sobre todo, Loza reconoce que la UEA “ha sido eficiente”.

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